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La Universidad que queremos - Jornada del Foro
Miércoles 13 de diciembre de 2017

“Hablamos de transformación de la universidad si hablamos de trasformación social” fue una de las frases que más aparecieron en la jornada de “qué universidad queremos “organizada por el Foro de Educación de CyL. La universidad debe liderar o estar implicada en ese cambio social, se añadía. Fueron más las referencias a la Universidad que “no queremos”, la que refleja hoy de la sociedad, la que quieren los poderes. Por lo que surgió la necesidad de luchar continuamente contra la desigualdad en el acceso y en el mantenimiento en la universidad y contra las legislaciones que siguen reforzando la tendencia privatizadora de lo público y el negocio con la educación, en este caso con la universitaria.

En cuanto a la primera, la desigualdad, se centró en el aumento de tasas académicas, que nos ha situado en el 3er puesto de las más caras de España. Supuestamente ese aumento iba a ser durante la crisis para compensar la falta de inversión en la Universidad, aunque no es cierto porque supuso solo parte y el presupuesto global descendió en los últimos años. Y ese incremento exacerbado está haciendo que en muchas familias sus hijos e hijas (decenas de miles en toda España) no puedan acceder o impidan mantenerse en estudios superiores. También supone desigualdad el hecho que se concedan becas (2) y se piden condiciones en las notas y no tener suspensos, por lo que, perderla supone que hay parte del alumnado que tiene que abandonar por falta de recursos, mientras que el alumnado con mayores recursos pueden repetir porque se lo pueden costear. Se crea así desigualdad en la permanencia. ¿No debería tenerse la misma exigencia para quien necesita beca y para quien no?. ¿Puede incluso mantenerse en las mismas condiciones un alumno o alumna que necesita trabajar para poder estudiar que quien no lo necesita?. El enorme incremento en las segundas o terceras matriculaciones, también creando más desigualdad. Y no digamos para el alumnado de las zonas rurales para quien debiera estar pensada la Universidad, por las características de Castilla y León.

Entre quienes asistían al debate parecía

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que la única solución posible era la eliminación de tasas (en todo caso haciéndola proporcional a los ingresos hasta ser gratuito si no lo era para todo el mundo) y permitir una flexibilidad mayor en el mantenimiento posterior del alumnado, que tuviera en cuenta las circunstancias personales del alumnado. La otra cuestión abordada en el debate era el de la privatización que se está generando y la consideración de la educación universitaria como negocio. Se aprecia en el campo de las especialidades y en el de la investigación. La primera con un apoyo hacia la creación de universidades privadas a las que se les permite la creación de cualquier tipo de Grado (al ser empresa privada), sin cortapisas y saltándose por parte de la Junta de CyL, las exigencias sociales que marca la ley y sabiendo, como dicen en sus informes las agencias de calificación, que se están poniendo en marcha con carencias en la cualificación necesaria del profesorado y en la investigación (porque más del 90% se sigue haciendo en la Universidad Pública). Mientras que en ésta se pone trabas para el desarrollo de nuevos grados y master.

La ”crisis- se decía- ha supuesto cambios cualitativos en los modelos de trabajo y se está cortando la posibilidad a las Universidades públicas de adecuarse a ellos”. El trasfondo del Mapa de titulaciones, que la Consejería de Educación ha querido sellar con acuerdos por separado, es el objetivo de la Junta de CyL de poner en mejores condiciones aún a las universidades privadas, aunque se parezcan más a academias que dan títulos y masters, para competir con las universidades públicas mediante trabas a la actualización de éstas y el trasvase de dineros públicos a las empresas privadas. No obstante, se constató que, a pesar de todo, hay que destacar que la Universidad Pública sigue ofreciendo buenos cursos, estudios, grados y master, por la resistencia a esa ofensiva. La investigación también ha salido resentida de la crisis. Por un lado se disminuye la inversión de los fondos de investigación más consolidados, por otro se acuden a fondos europeos que suponen una delimitación enorme en la temática a estudiar (sin ni siquiera dar la posibilidad de soporte para tener esa proyección europea), dejando a las humanidades fuera, y en tercer lugar la Junta de CyL lanza unas ayudas que también limita enormemente la temática y los equipos que pueden desarrollarla.

Como se dijo analizando las intenciones “la investigación está suponiendo, en muchas ocasiones, destinar dinero a las empresas privadas, sin hacerlo directamente”. El dinero que está destinado la Junta, se añadía, es simplemente que está mal dirigido, a veces conscientemente a veces de forma más inconsciente. Las consecuencias se verán a medio plazo porque nos iremos haciendo más dependientes como país y como territorio y con una universidad menos crítica. No existen tampoco espacios en la universidad para formar a personas comprometidas, a la vez que buenos profesionales, no “asépticos”, que es otro papel que tendría que cubrir la universidad dentro de su planteamiento docente. Toda esta política, se oyó decir, no es casual, es un modelo estructural que está favoreciendo el negocio en educación y generando mayor desigualdad. No ha habido crisis, ha habido un cambio de modelo educativo. Sería necesario, en opinión de los ponentes y las personas asistentes, establecer mecanismos en que las personas involucradas en la universidad deban implicarse en la forma de gestión de la universidad.

No debemos tanto pensar en “qué universidad queremos” (queremos que nos den de forma “consumista”) como “qué universidad queremos crear “en la que estén todos los estamentos implicados. Eso debiera tener reflejo desde, en la forma en que se involucran las materias en el mundo exterior, en la sociedad, como en la, por ejemplo, comisión que se proponía para visar proyectos de investigación con los mismo sectores de investigación implicados. Llevar este planteamiento a cabo supone organizarse colectivamente, como ya han hecho el personal de investigación (Asociación Investigadores CyL). Hubo otros planteamientos, aparentemente conflictivos como el calendario y las fechas de convocatorias que deberían resolverse más desde una perspectiva que aúnen y que lleve a la universidad a los objetivos de trabajo y aprendizaje continuo. En definitiva, la universidad pública deja de cumplir su papel social por dejar fuera a miles de jóvenes y por crear estudiantes solamente “productivos”, por los procesos de privatización y porque está más en función de los intereses empresariales en objetivos, oferta e investigación. La universidad que queremos va en sentido contrario.

Por lo que es necesario recuperar el papel social de la Universidad, un cambio hacia una Universidad de pensamiento crítico, porque somos parte de la sociedad y porque estamos construyendo ciudadanía, con espacios para crear y participar y del gusto del saber. Y una Universidad que facilite el acceso de todas las personas que así lo deseen, que camine hacia la gratuidad, con un sistema de becas equitativo mientras tanto, que garantice los estudios superiores al alumnado de familias de clase trabajadora, es decir que garantice también en los estudios universitarios el derecho a la educación pública. Pero ese cambio se dará en tanto en cuanto la sociedad cambie. Mientras tanto, será necesario seguir preguntándonos a dónde queremos llegar, buscar y ofrecer alternativas y movilizarnos por otro modelo educativo. Dado que no hubo tiempo para abordar su desarrollo, aunque se apuntaron soluciones y propuestas, se remitió de momento a las alternativas que se van fraguando dentro del el Foro por Otra política Educativa, para la Universidad del S. XXI (https://porotrapoliticaeducativa.org/).


Foro por la Educación de CyL: AU y EDUP (Estudiantes en Movimiento), Concejo Educativo, CONFAPACAL, IU, Podemos, PSOE y los sindicatos de enseñanza de CCOO, CGT y STECyL.



 
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