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JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ (CATEDRÁTICO DE EDUCACIÓN DE LA USAL): “TODOS SALDRÍAMOS PERDIENDO SI SE GENERALIZA LA ENSEÑANZA ONLINE”
Martes 26 de enero de 2021

EL curso escolar vuelve a estar marcado por la pandemia. Tras superar la segunda ola sin apenas contagios dentro de los centros educativos, ahora afronta una tercera ola aún más dañina. La Junta, sin embargo, sigue apostando por la presencialidad, una decisión que José María Hernández, catedrático de Historia de la Educación en la Universidad de Salamanca, comparte.

–La Junta, al igual que el resto de CCAA, ha apostado por la presencialidad de las clases. ¿Ha sido una decisión correcta desde el punto de vista pedagógico?

–En mi opinión sí lo ha sido, sin duda. Creo que ha sido un acierto pedagógico apostar por la presencia compartida entre profesores y alumnos. El proceso educativo, que no es nunca pura transmisión informativa, necesita presencia, relación de proximidad física para percibir sensaciones, emociones, miradas, gestos entre el maestro o profesor y el niño, pero también de los alumnos entre sí, y del conjunto de la clase con el profesor. La cultura escolar creada en el aula, que es decisiva para generar un clima de aprendizaje, es una tarea de todos sus agentes, y de ella todos salen beneficiados. La relación pedagógica bilateral, que a veces se produce, es puntual y enriquecedora, pero necesariamente ha de ser transitoria en el proceso de enseñanza y aprendizaje. De ahí que el uso de la pantalla, como mediadora y soporte de aprendizaje, convendría que fuera la excepción. Se llegarían a perder infinitos detalles y matices de la riqueza formativa que posee la presencia física en el aula. Además, desde el punto de vista sanitario, el contagio del virus no está generado ni transmitido en los colegios, institutos o facultades universitarias, sino fuera de los centros escolares. Todos los profesores tenemos mucho cuidado con la salud y bienestar de nuestros alumnos.

–En caso de que la pandemia fuera a más, y se volviera a la enseñanza online, ¿Qué habría que cambiar?

–Espero que las cosas mejoren y no sea preciso generalizar este formato de enseñanza, porque todos saldríamos perdiendo, pero sobre todo los niños, y también los adolescentes y jóvenes. Lo fundamental está previsto para salir del paso, pero ya he dicho que esto no es lo ideal.

–Bastantes docentes han notado que, tras lo ocurrido en el pasado curso, los alumnos muestran una menor disposición a trabajar ¿Es lógica esta actitud? ¿A qué se puede deber?

–A día de hoy carecemos de estudios de campo precisos que confirmen esta apreciación de muchos educadores y docentes, que parece ser general y no aislada. Lo cierto es que conocemos casos evidentes de deficientes condiciones de vivienda familiar donde no es posible un clima mínimo para el estudio, a veces precarias conexiones informáticas, número elevado de niños o alumnos en el aula, y desde luego dificultad de los profesores para motivar a distancia a cada uno de los niños. El problema de la motivación no suele proceder del profesor, que lo intenta de muchas formas. La vida cotidiana en un aula está llena de momentos en que el maestro pregunta, llama la atención, trata de motivar, percibe de inmediato el interés o la falta de atención de su alumno. Esto no es posible de mantener durante un tiempo prolongado en este formato digital en línea de enseñanza y conduce a que el niño desconecte, se desmotive y rompa la cadena de la comunicación de aprendizaje con el resto de compañeros y con el maestro.

–¿La pandemia está influyendo en el rendimiento de los alumnos?

–Claro que sí. La carga emocional de estar escuchando noticias dramáticas todos los días, a veces con fallecidos familiares, influye en el bienestar personal y familiar. Si a ello añadimos un formato de enseñanza que desnaturaliza las relaciones pedagógicas habituales, carentes de tensión, pues hemos formado un peligroso y extraño cóctel de sensaciones que no facilitan la estabilidad personal del alumno, y también la del profesor. De ahí que hemos de procurar desdramatizar lo que ocurre todo lo posible en beneficio del proceso formativo, aunque no siempre sea posible evitarlo. El rendimiento está en las calificaciones que el niño o adolescente obtiene en las asignaturas, sin duda, pero sobre todo en su proceso educativo como persona.

–La enseñanza online es vista por las familias, e incluso por algunos alumnos, como más fácil para luego aprobar, ¿Esto es así o es un error a la hora de impartirla?

–Se escuchan opiniones muy diversas sobre este tema, pero no dejan de ser vaguedades, porque no disponemos de estudios científicos que lo confirmen o desautoricen. Lo cierto es que parece haberse incrementado, en este caso entre los profesores, y a instancias de ciertas opiniones influyentes, y también de padres y asociaciones, que había que dulcificar un poco la exigencia en las evaluaciones, dadas las circunstancias. Una cierta benevolencia, que también percibo en la universidad. Esto generará a medio plazo lagunas, vacíos, y va en contra de los intereses formativos del alumno. Y dicho esto, los profesores tenemos que ser todo lo flexibles y adaptativos que podamos al contexto de aprendizaje, incluido el que ahora nos toca.

–En las últimas semanas, aunque más en el ámbito universitario, ha surgido la polémica sobre la idoneidad de los exámenes presenciales.

–Los exámenes pueden adoptar, y tienen ahora muchas modalidades, es evidente. La respuesta del equipo de gobierno de la universidad ha sido rotunda y correcta, en mi opinión. Lo primero de todo, conviene indicar que en las aulas de la universidad existe seguridad sanitaria plena para una atención presencial con cada alumno y con todos lo de una misma materia, y lo digo por experiencia propia con grupos pequeños y también con numerosos. Es diferente lo que pueda suceder fuera de los edificios universitarios, sea en casas, pisos, bares o lugares de sociabilidad juvenil. Por tanto, las razones de seguridad sanitarias aducidas en la petición de estos estudiantes creo que no están justificadas. Después conviene recordar la libertad de cátedra del profesor, para enseñar y para evaluar. Es obvio que no se puede imponer a un docente cómo debe organizar su tarea, la evaluadora en este caso. La presencialidad es siempre una garantía de equidad e igualdad en el proceso de calificación de los aprendizajes, que no deben reducirse a un solo formato de examen. Si en este caso se había adoptado la prueba escrita como formato a utilizar , tal como figura en la guía didáctica oficial, pues ha de respetarse.

–Este curso se ha tenido que recurrir, para dar clase, a personas sin el Máster de Profesorado en Secundaria. ¿Era una medida inevitable o habría otras alternativas? Sin ese máster, ¿la docencia pierde calidad?

–Estimo que ha sido una medida tomada in extremis, para reforzar con más profesores a los institutos de educación secundaria en el corazón de la pandemia. Lo sucedido no es lo ideal, desde luego, y esta excepción no debe convertirse en regla. El Master de Formación de Profesores de Educación Secundaria era una demanda casi secular para la mejora del sistema educativo, que se ha conseguido regularizar y ordenar, y cuyos beneficios van a reportarse a medio y largo plazo en la cultura media de la sociedad española. Los alumnos que cursan este máster lo saben, y están en su derecho de reivindicar la misma exigencia a todos los aspirantes a la función de profesor. Lo sucedido este año debe ser solamente una excepción, que solo podemos aceptar a regañadientes. Por cierto, todavía en varios centros particulares donde se imparte la educación secundaria muchos de sus profesores fueron seleccionados en su día careciendo de este máster, lo que no ocurre en los públicos. Debiera ser una exigencia aplicable a todos.

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